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El DIA DESPUES

Una campaña electoral “surrealista” convertida en la triste parodia del sistema político agonizante de una democracia vaciada de contenido, interpretada mayoritariamente por “políticos” convertidos en personajes “farsescos”  que paralizo la acción de gobierno por 60 días y pretendió distraer al país de sus problemas, ha culminado en un acto eleccionario donde el pueblo, que no se equivoca, dio la sorpresa castigando a casi a todos desde un voto con sentido negativo, a “perdedores y pretendidos ganadores”. No premio a ninguno.
Nadie, o casi nadie puede proclamarse ganador. Son todos perdedores.
En primer lugar el gobierno nacional, castigado por su maltrato político y su doble discurso abrumador y enervante. Un gobierno que al pretender mostrarse “ganador” de la “miseria electoral” resultante, exhibe su profunda subestimación y resentimiento por el pueblo. Perdió su “modelo de acumulación e inclusión”, que se plebiscitaba, que sirvió para que acumule cada vez mas el capitalismo de amigos del poder  e incluir a cada vez mas personas en la pobreza. En segundo lugar el kirchnerismo, soberbio, sectario, dogmático de un pobre y desactualizado “guión ideológico”, que lo lleva a ver de manera sesgada la realidad argentina e través de un reduccionismo político infantil que construye categorías políticas hoy inexistentes que solo sirven para dividir a la sociedad y para la confrontación, como  izquierda y derecha, oligarquía y antioligarquia, amigos(los que piensan como ellos), enemigos( los que no), sin darse cuenta que el imperialismo  asume hoy formas diferentes y mas sutiles a las de hace 30 años. En tercer lugar el PJ aparato faccioso servil del kirchnerismo, una “unidad de negocios”, que hace rato perdió sentido y contenido peronista y que ha renunciado a encarnar el proyecto emancipador de éste desde las épocas del menenismo. En cuarto lugar los “opositores” que recibieron en un plazo fijo  las cuotas partes del voto de repudio al “oficialismo”, que el pueblo repartió con sabiduría. Una oposición en sus diferentes fracciones tan banal como viceralmente incapaz de construir una alternativa de poder, que navega sin pensamiento en la intrascendencia de un discurso insustancial que solo promete el “cambio”, el “dialogo”, la “pluralidad” y más “democracia”.
Y luego el día después de las elecciones, reaparece en toda su dimensión la postergada realidad de la Argentina con todos sus conflictos, la inflación, la inseguridad, la recesión economía, la caída del comercio exterior, el desempleo, la baja de los ingresos fiscales, la fuga de capitales, y el desmanejo caótico de una epidemia de gripe(que  terminará impactando fuertemente la economía acentuando aun mas su decrecimiento), que se abatirán rápidamente sobre un gobierno confundido y autista, que con una falta alarmante de reflejos, no atina a dar con rapidez la única repuesta política que lo puede salvar en medio del poder que se le desgrana, reconocer su derrota y convocar a todos los sectores políticos y sociales para concertar la agenda política con los problemas prioritarios del país. No solo no lo va a hacer, sino que va a pretender continuar con la confrontación. En frente está la genética imposibilidad de la oposición para fijar la agenda de los argentinos e imponérsela al gobierno. Por lo tanto se puede prever una crisis de proporciones a la vuelta de la esquina.
Por eso el día después frente a la emergencia nacional que deberemos enfrentar, los peronistas que aun conservamos la dignidad personal y defendemos la dignidad de la Nación, que nos resistimos a la condena de una decadencia abrumadora, que no aceptamos  someternos a una mediocridad que humilla, tenemos el deber de convocarnos a lo largo y lo ancho del país, sin “reservas mentales”, sin “prevenciones”, sin egoísmos, con la ambición de rescatar a la Argentina como el “hogar”, al compromiso de recuperar y reconstruir el peronismo.
Recuperar el peronismo significa que debemos dirigirnos al pasado para recoger las banderas de justicia social, soberanía e independencia para traerlas y recréalas en el presente. Recrear el peronismo como el pensamiento político que nos permita configurar un marco estratégico desde donde instalar la agenda publica de los temas trascendentes del país y debatirlos de cara a la sociedad, para pensar y construir el proyecto de una Argentina con autonomía que pueda realizar su destino en el mundo.
Recuperar el peronismo es volver a poseer la única herramienta adecuada que tiene el pueblo para reconstruir el poder nacional.
Recuperar el peronismo significa además restaurar la política como la actividad mas noble de la ética humana, como un acto de servicio y no como una carrera de “negocios”.
Sino hacemos esto, los “kirchsnerista”, los “pejotista”, los “peronistas disidentes” y demás yerbas que hoy son “zombis” políticos, “muertos vivos” de la política, permanecerán y continuaran transitando la política como lo vienen haciendo desde el 2001 usufructuando el peronismo en beneficio propio, profundizando la decadencia y la “agonía” interminable de la Argentina. Si queremos recuperar la Nación como una empresa colectiva, como una unidad de destino, debemos empujarlos y superarlos, sino la Nación no es viable.
Son tiempos fundacionales en la Argentina que requieren arrojo y sacrifico político y que propongo que lo asumamos con una máxima acuñada por un viejo compañero, “con Perón todo sin Perón nada”.

Enviado por Antonio Mitre